{"id":22768,"date":"2025-09-12T09:17:44","date_gmt":"2025-09-12T13:17:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/?p=22768"},"modified":"2025-09-12T09:39:52","modified_gmt":"2025-09-12T13:39:52","slug":"rebuilding-the-church-remembering-december-8-1965","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/rebuilding-the-church-remembering-december-8-1965\/","title":{"rendered":"Reconstruyendo la Iglesia \u2013 Recordando el 8 de diciembre de 1965"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><section class=\"l-section wpb_row height_medium\"><div class=\"l-section-h i-cf\"><div class=\"g-cols vc_row type_default valign_top\"><div class=\"vc_col-sm-12 wpb_column vc_column_container\"><div class=\"vc_column-inner\"><div class=\"wpb_wrapper\"><div class=\"w-image align_center\"><div class=\"w-image-h\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"489\" src=\"https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/rebuilding-the-church-header-1024x489.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/rebuilding-the-church-header-1024x489.jpg 1024w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/rebuilding-the-church-header-300x143.jpg 300w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/rebuilding-the-church-header-18x9.jpg 18w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/rebuilding-the-church-header-150x72.jpg 150w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/rebuilding-the-church-header-600x287.jpg 600w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/rebuilding-the-church-header.jpg 1400w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/div><\/div><div class=\"w-separator size_small\"><\/div><div class=\"wpb_text_column us_custom_03f3d98b has_text_color\" ><div class=\"wpb_wrapper\"><p>Durante mis dos primeros a\u00f1os como seminarista en Roma en la <em>Seraphicum<\/em>En el Centro Franciscano Conventual, viv\u00ed los dos \u00faltimos a\u00f1os del Concilio Vaticano II. Varias veces me asignaron como uno de los monaguillos en la misa matutina de los obispos reunidos en la Bas\u00edlica de San Pedro, que serv\u00eda de sala del concilio. Hubo muchas conferencias de prensa fascinantes, pero sobre todo, el 8 de diciembre de 1965, logr\u00e9 colarme en la plataforma principal de la Plaza de San Pedro para la misa de clausura del Concilio. El Papa Pablo VI fue el celebrante y homilista.<\/p>\n<p>Sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, las palabras del Papa Pablo VI de aquel d\u00eda a\u00fan resuenan en mis o\u00eddos. Identific\u00f3 la labor del Concilio como principalmente la labor del Buen Samaritano. Pregunt\u00f3:<em>\u00bfNo ser\u00eda, en resumen, una ense\u00f1anza sencilla, nueva y solemne: amar al hombre para amar a Dios? Amar al hombre, decimos, no como un medio, sino como el primer paso hacia nuestro fin \u00faltimo y trascendente, que es la base y la causa de todo amor.<\/em>\u201d Por esta raz\u00f3n, el Papa Pablo enfatiz\u00f3 adem\u00e1s que la Iglesia \u2014como Iglesia, como Pueblo de Dios, como \u201csacramento universal de salvaci\u00f3n\u201d\u2014 es por su propia naturaleza, a la vez misionera y ecum\u00e9nica.<\/p>\n<p>Justo el d\u00eda anterior, el 7 de diciembre, el Papa Pablo VI promulg\u00f3 los dos \u00faltimos documentos conciliares: <em>Nostra Aetate<\/em> y <em>Gaudium et spe<\/em>El primero de estos documentos nos llama a amar al pr\u00f3jimo: a abrir nuestro coraz\u00f3n a nuestros hermanos y hermanas que no son cristianos. El segundo documento nos llama intencionalmente a abrir nuestro coraz\u00f3n y a ir m\u00e1s all\u00e1 de nosotros mismos para compartir el sufrimiento, la alegr\u00eda y la esperanza de toda la familia humana. Estos dos \u00e9nfasis \u2014el misionero y el ecum\u00e9nico\u2014 anunciaron una nueva universalidad.<\/p>\n<p>Recuerdo conectar el celo misionero de aquel d\u00eda con mi propia experiencia. De ni\u00f1o, o\u00eda historias sobre los frailes de la Provincia de Nuestra Se\u00f1ora de la Consolaci\u00f3n que part\u00edan en misi\u00f3n a \u00c1frica, conscientes de que quiz\u00e1 nunca regresar\u00edan. Desde su creaci\u00f3n hace casi cien a\u00f1os, el sentido de misi\u00f3n ha estado en el ADN de nuestra provincia. Para m\u00ed, sin embargo, lo ecum\u00e9nico era algo nuevo. Aunque m\u00e1s adelante, en mi vida acad\u00e9mica universitaria, aprend\u00ed m\u00e1s sobre el significado del ecumenismo. Muchos de mis colegas y estudiantes de doctorado no eran cat\u00f3licos, pero nuestro estudio conjunto dio frutos y una conversi\u00f3n mutua. Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de mi participaci\u00f3n en la vida universitaria, descubr\u00ed que las iniciativas ecum\u00e9nicas o interreligiosas serias son siempre una ardua batalla.<\/p>\n<p>Sin embargo, he descubierto que el esp\u00edritu ecum\u00e9nico y misionero cobra vida en el Centro Franciscano de Estudios de Lusaka, Zambia. Durante los \u00faltimos cuarenta y cinco a\u00f1os, y m\u00e1s recientemente, este verano, he tenido el privilegio de visitar y trabajar con los frailes de ese colegio panafricano, que atiende a aproximadamente 200 frailes estudiantes. Al llegar al aeropuerto, uno de los seis estudiantes me salud\u00f3 de la siguiente manera: \u00abTe encantar\u00e1 aqu\u00ed con...\u00bb <em><strong>todo<\/strong><\/em> de tus hermanos y <em><strong>todo<\/strong><\/em> de \u00c1frica.\u201d<\/p>\n<p>Al reflexionar sobre ese reciente encuentro con los frailes africanos, no pude evitar recordar a Pablo VI y la visi\u00f3n que promulg\u00f3 al cierre del Concilio. Representando a diecisiete pa\u00edses diferentes de ese continente, el sentido de <em>misi\u00f3n<\/em> m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismos que anima a esos j\u00f3venes frailes es palpablemente fuerte. Tienen una <em>ecum\u00e9nico<\/em> Tambi\u00e9n tienen sentido. Consideran enriquecedor que las tres familias de la Primera Orden Franciscana estudien, celebren su culto y convivan juntas. Para ellos, este ecumenismo franciscano no es una ardua batalla, sino una alegr\u00eda que hay que abrazar.<\/p>\n<p>Tal vez, en referencia a la invitaci\u00f3n m\u00e1s amplia hacia un florecimiento del ecumenismo\/di\u00e1logo interreligioso, el resto de nosotros, frailes, podr\u00edamos aprender de nuestros hermanos africanos m\u00e1s j\u00f3venes y as\u00ed tomar la iniciativa.<em>primer paso hacia nuestro objetivo final y trascendente.<\/em>\u201d Si no, \u00bfc\u00f3mo podremos ser reconstructores de la Iglesia?<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/section>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Durante mis dos primeros a\u00f1os como seminarista en Roma, en el Seraphicum, el Centro Franciscano Conventual, viv\u00ed los dos \u00faltimos a\u00f1os del Concilio Vaticano II. 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