{"id":23702,"date":"2025-12-17T14:56:37","date_gmt":"2025-12-17T19:56:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/?p=23702"},"modified":"2025-12-17T14:56:52","modified_gmt":"2025-12-17T19:56:52","slug":"a-sacrament-to-be-remembered","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/a-sacrament-to-be-remembered\/","title":{"rendered":"Un sacramento para ser recordado"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><section class=\"l-section wpb_row height_medium\"><div class=\"l-section-h i-cf\"><div class=\"g-cols vc_row type_default valign_top\"><div class=\"vc_col-sm-12 wpb_column vc_column_container\"><div class=\"vc_column-inner\"><div class=\"wpb_wrapper\"><div class=\"w-image align_none\"><div class=\"w-image-h\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"749\" src=\"https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/transitus-sketch-copy-1024x749.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/transitus-sketch-copy-1024x749.jpg 1024w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/transitus-sketch-copy-300x220.jpg 300w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/transitus-sketch-copy-16x12.jpg 16w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/transitus-sketch-copy-150x110.jpg 150w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/transitus-sketch-copy-547x400.jpg 547w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/transitus-sketch-copy-600x439.jpg 600w, https:\/\/www.franciscansusa.org\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/transitus-sketch-copy.jpg 1201w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/div><\/div><div class=\"wpb_text_column us_custom_03f3d98b has_text_color\" ><div class=\"wpb_wrapper\"><p>El a\u00f1o 2026 marca ochocientos a\u00f1os del Tr\u00e1nsito: el paso de San Francisco de As\u00eds de este mundo a la vida eterna. Recordar su muerte es recordar c\u00f3mo vivi\u00f3: profundamente arraigado en la Palabra de Dios. Francisco no solo predic\u00f3 el Evangelio; lo retom\u00f3 repetidamente, dejando que moldeara cada una de sus acciones y deseos. Para \u00e9l, recordar a Cristo no era un pensamiento piadoso, sino una forma de vida.<\/p>\n<p>Al acercarse sus \u00faltimas horas, Francisco pidi\u00f3 que lo llevaran a la peque\u00f1a capilla de la Porci\u00fancula, \u201cdonde conoci\u00f3 por primera vez con perfecci\u00f3n el camino de la verdad\u201d. Diecisiete a\u00f1os antes, fue all\u00ed donde comprendi\u00f3 por primera vez la llamada del Evangelio a la total dependencia de Dios. Morir en ese mismo lugar no fue un acto de nostalgia, sino de fe: un regreso al origen, a la ra\u00edz de su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>All\u00ed, regocij\u00e1ndose ante la proximidad de \u201cnuestra Hermana Muerte Corporal\u201d, Francisco pidi\u00f3 a los hermanos que cantaran de nuevo el C\u00e1ntico de las Criaturas, a\u00f1adiendo una estrofa final de alabanza \u201cpor la Hermana Muerte\u201d. El c\u00e1ntico fue su \u00faltimo serm\u00f3n. Luego pidi\u00f3 escuchar la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or del Evangelio, para ser le\u00edda en voz alta. El Evangelio, su \u00faltimo compa\u00f1ero. Finalmente, pidi\u00f3 ser tendido en tierra, vestido de cilicio y ceniza, y as\u00ed falleci\u00f3, con sus heridas radiantes, su alma visiblemente alz\u00e1ndose \u201cbrillante como el sol\u201d. En \u00e9l, la Palabra se hab\u00eda hecho realidad; su propio cuerpo se convirti\u00f3 en signo vivo de la misericordia de Dios, un sacramento para ser recordado.<\/p>\n<p>Lo que hizo radiante a Francisco no fue la perfecci\u00f3n, sino la costumbre: el retorno constante y humilde a Dios mediante la oraci\u00f3n, la Escritura y la fraternidad. Imit\u00f3 a Jes\u00fas record\u00e1ndolo constantemente. Para Francisco, recordar era volver a pertenecer a Dios. Y para nosotros, en una \u00e9poca llena de ruido y olvido, su testimonio no podr\u00eda ser m\u00e1s oportuno. Nos recuerda que toda la creaci\u00f3n, y cada vida humana, se encuentra en la historia de salvaci\u00f3n de Dios. No somos olvidados; somos recordados a la existencia.<\/p>\n<p>En nuestra Casa de Estudios en Silver Spring, Maryland, los frailes celebraron el Tr\u00e1nsito junto con los estudiantes de la Escuela Secundaria Arzobispo Curley de Baltimore. Con cantos y oraciones, recreamos aquella noche de 1226, con j\u00f3venes vistiendo h\u00e1bitos y siguiendo los pasos de Francisco. Mi compa\u00f1ero de noviciado, fray Vincent Mary Ouly, ofreci\u00f3 una reflexi\u00f3n que lo resumi\u00f3 a la perfecci\u00f3n: \u201cHacemos lo que creemos y creemos lo que hacemos\u201d.\u201d<\/p>\n<p>Ese fue el modelo de vida de Francisco, y sigue siendo el modelo de nuestra fe. Rezamos el Credo para recordar lo que creemos. Celebramos la Eucarist\u00eda para recordar el sacrificio de Cristo y hacerlo presente de nuevo. Escuchamos las Escrituras para recordar a Qui\u00e9n camina con nosotros y para animarnos a caminar con \u00c9l a cambio.<\/p>\n<p>Recordar la muerte de Francisco, entonces, es volver una vez m\u00e1s a la Palabra, al Cristo vivo que a\u00fan nos llama por nuestro nombre. Al hacerlo, nos convertimos en lo que proclamamos: una Iglesia que es en s\u00ed misma un sacramento para ser recordada, un signo del amor salvador de Dios por el mundo.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/section>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El a\u00f1o 2026 marca ochocientos a\u00f1os del Tr\u00e1nsito: el paso de San Francisco de As\u00eds de este mundo a la vida eterna. Recordar su muerte es recordar c\u00f3mo vivi\u00f3: profundamente arraigado en la Palabra de Dios. Francisco no solo predic\u00f3 el Evangelio; lo retom\u00f3 repetidamente, dejando que moldeara cada una de sus acciones y deseos...","protected":false},"author":10,"featured_media":23705,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[164],"tags":[],"class_list":["post-23702","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-2025-winter-newsletter-rooted-in-sacred-memory"],"aioseo_notices":[],"publishpress_future_action":{"enabled":false,"date":"2026-04-12 12:11:39","action":"change-status","newStatus":"draft","terms":[],"taxonomy":"category","extraData":[]},"publishpress_future_workflow_manual_trigger":{"enabledWorkflows":[]},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23702","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/10"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23702"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23702\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":23704,"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23702\/revisions\/23704"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/23705"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23702"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23702"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscansusa.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23702"}],"curies":[{"name":"gracias","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}