
Construyendo puentes donde el mundo levanta fronteras
por el fraile Tumaku Yao Clement, OFM Conv.
Soy el fraile Tumaku Yao Clement, de la Orden Franciscana Conventual de Ghana, África. Nací en una familia de seis hermanos: cinco varones y una hermana, y tuvimos la bendición de tener padres que inculcaron los valores del Evangelio en nuestro hogar.
El estilo de vida franciscano me llamó la atención por primera vez a través de Facebook. Poco después, conocí a los frailes y les pedí unirme a ellos. Ese sencillo comienzo me ha llevado a una vida de fraternidad, oración, estudio y servicio que continúa sorprendiéndome.
Una parte importante de mi formación tuvo lugar en la Universidad de San Buenaventura, en Lusaka, Zambia, donde cursé tres años de estudios de filosofía. Allí viví y estudié con casi 200 hermanos de las tres familias franciscanas, procedentes de numerosos países de nuestro vasto continente africano. Aquella experiencia me transformó.
Proveníamos de culturas, costumbres, idiomas, tradiciones culinarias y formas de comunicarnos diferentes. A veces, esas diferencias representaban un desafío. Pero también se convirtieron en valiosas enseñanzas. En la fraternidad, aprendí que las diferencias no tienen por qué generar divisiones. Pueden transformarse en invitaciones: oportunidades para escuchar, perdonar, comprender y construir algo juntos.
Esa lección es importante para el futuro de la vida franciscana. El mundo suele estar dividido por la nacionalidad, el idioma, la tribu, la raza, la política y el miedo. Pero un fraile está llamado a estar presente en esos espacios de diferencia y dar testimonio de que otra forma de vida es posible. La fraternidad no es solo algo que predicamos; es algo que debemos practicar.
Por eso, una frase de la oración del Papa León XIV a San Francisco me conmueve profundamente. En ella, pedimos “el valor de construir puentes donde el mundo levanta fronteras”. Sé lo que eso significa porque lo he vivido.
Durante mis años en Zambia, algunas de esas barreras comenzaron a desvanecerse. Descubrí nuevos hermanos donde antes solo veía diferencias. Aprendí que la paz no se construye evitando las dificultades, sino estando presentes los unos para los otros con paciencia y amor. Aprendí que la fraternidad no es solo una hermosa idea, sino una elección diaria.
Este Año Jubilar de San Francisco me llena de alegría porque me recuerda que los franciscanos de todo el mundo estamos unidos en un mismo espíritu. Dondequiera que vivamos, sea cual sea el idioma que hablemos, estamos llamados a seguir a Cristo tras las huellas de San Francisco: como hermanos, pacificadores y constructores de puentes.
Si Dios quiere, pronto comenzaré una nueva etapa en mis estudios teológicos en nuestro Colegio Internacional de Roma, donde espero especializarme en teología franciscana. Recibo esta oportunidad como una gracia especial, sobre todo en este 800 aniversario del fallecimiento de nuestro Padre Seráfico. Mientras me preparo para este nuevo paso, le pido a San Francisco que me acompañe siempre. Que me ayude a convertirme en un fraile que construya puentes en África, en Roma y dondequiera que Dios me envíe.




